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URUGUAY 
Para
el visitante que viene del Norte, Uruguay es como un mar, un inmenso océano
de llanuras y praderas interminables. No hay montañas ni florestas, ningún
obstáculo que impida que el viajero divise, por donde quiera que mire, el
horizonte tocando el cielo.
¿Cómo tanto campo puede caber en tan pequeño país? De repente, como que brotando de la
tierra, se ve la figura plácida y melancólica
del gaucho en su feroz ballet a caballo, que de tiempo en tiempo parece flotar
a la altura de los ombúes.

El
incansable viajero del Sur se encuentra con otro mar, un río-mar, cuyas aguas
frías y azules vienen a empapar las faldas de las ciudades costeras. Y así
surge, imponente en su pequeñez, Montevideo. Los ojos no ven altas puntas de
hormigón proyectándose sobre el río, sino un paisaje llano, atemporal, mágico.
Un lugar donde los modernos coches corren sobres la antiguas líneas de tranvía,
donde la tecnología respetuosamente penetra en los silenciosos y bajos
edificios del centro.
Uruguay es, visto de lejos, de muy lejos, un país chico. Pero, a
medida que el curioso visitante se acerca, es como si una lente fuese
aumentando de grado cada vez más, revelando un país inmenso en su cultura.
La imagen se va acercando y creciendo deslumbrantemente, hasta que sea posible
ver el rostro tranquilo y cordial de los uruguayos.
Xavier Alzueta Bartaburu - HISPANIA Editora.
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