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Colonia
del Sacramento
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Patrimonio Cultural de la Humanidad
UN FRAGMENTO DE HISTORIA PORTUGUESA EN SUELO
URUGUAYO Colonia del Sacramento, única
ciudad uruguaya fundada por los portugueses, es hoy testimonio vivo de una época
ya pasada que respira aún en sus piedras la presencia lusitana. A 177 km de la capital
uruguaya, Montevideo, rumbo al oeste por la ruta nacional Nº 1 Brigadier
General Manuel Oribe, encontramos la ciudad de Colonia del Sacramento. Moderna
y pujante, une a la tradicional simpatía y cordialidad de su gente un espíritu
de empuje y superación que hacen de sus calles, avenidas, parques y plazas un
escaparate donde lo antiguo y lo moderno se dan la mano en un ambiente
bullicioso, alegre, entusiasta. Al puerto de Colonia,
recostado sobre las aguas del Río de la Plata, “el río de aguas color de león”,
como decía Jorge Luis Borges, llegan a diario barcos y catamaranes que la
unen a la espléndida capital argentina, Buenos Aires; trayecto de tan sólo
una hora si se eligen los modernos catamaranes, o de tres horas si se opta por
los barcos con todos los servicios a bordo, incluyendo free-shops. A 10 km de la ciudad se
encuentra un atracadero de yates, en la desembocadura del Arroyo Riachuelo en
el Río de la Plata. Es un lugar de una belleza singular, agreste, con árboles
nativos que extienden sus ramas añosas sobre las aguas mansas del arroyo y
que ofrece a los yates y veleros que allí atracan todos los servicios,
incluso transporte hasta la ciudad en cualquier momento. Un recorrido por las calles
colonienses propicia el encuentro con turistas de distintos países americanos
y europeos, que buscan la paz, el sosiego y la belleza cadenciosa de sus
paseos al borde del río, de las callecitas arboladas de la ciudad antigua y
la agitación de la ciudad nueva. HACIA ATRÁS EN EL TIEMPO La ciudad de Colonia del Sacramento centra su mayor encanto en el llamado Barrio Histórico, recientemente nominado Patrimonio Cultural Mundial de la Humanidad por la UNESCO. Este hecho ha dado un notable empuje a las tareas de excavación y preservación que se venían desarrollando desde largo tiempo atrás. Única ciudad erigida por los portugueses en suelo uruguayo, fue fundada por el Maestro de Campo don Manuel Lobo, gobernador de Río de Janeiro, quien dispuso, en enero de 1680, que se levantara un núcleo poblado con plaza fuerte y puerto, al que llamó Colonia del Santísimo Sacramento. La ciudad pasa, luego, a manos
de los españoles, primeros colonizadores de estas regiones, quienes ven
amenazado su poderío por la presencia portuguesa. Recuperada nuevamente por
los portugueses por el “Tratado Provisório
de Lisboa” (1681), comienzan a llegar numerosas familias de Río de
Janeiro, que edifican las primeras viviendas de piedra y tejas. Se
desenvuelven el comercio y el intercambio de productos con Buenos Aires,
principal puerto y ciudad de la región. Esto hace que las autoridades españolas
se sientan nuevamente amenazadas por el empuje portugués y vuelvan a atacarla
en 1704. Pero Portugal recupera la ciudad en 1716 por el Tratado de Utrecht y
comienza un período de extraordinario auge, realzado por la obra del
gobernador Antonio Pedro de Vasconcellos, quien durante 27 años se dedicó a
impulsar la ciudad, que llegó a cobijar a más de 3.500 habitantes.
Vasconcellos hizo construir una nueva iglesia, el palacio del gobernador,
algunos cuarteles, el hospital de San Antonio, un colegio, dos capillas y más
de 300 casas. Fuera de las murallas que rodeaban a la ciudad había quintas
donde se cultivaban frutas y verduras para el abastecimiento de la misma,
varios viñedos y algunas chacras donde se cultivaban cereales y se criaba
ganado. Ante este panorama tan promisorio, las autoridades españolas accionan sus medios diplomáticos para recuperar la ciudad y, tras casi 100 años de negociaciones (no pocas veces asentadas en el uso del sable y de la espada), se firma en 1777 el Tratado de San Ildefonso, por el cual Colonia pasa a ser definitivamente posesión española. Los españoles ordenan la destrucción de algunas murallas, cegar el canal del puerto y derribar algunas viviendas. Luego comienza la inmigración de familias venidas de Asturias y Galicia para la repoblación de la ciudad, pero las medidas ya citadas, tomadas por los españoles para beneficiar a Buenos Aires, hacen que Colonia vaya decayendo, hasta que en 1810 tiene sólo 300 habitantes. PASEANDO POR EL BARRIO HISTÓRICO
Se le llama Barrio Histórico
al sector primitivo ocupado por los portugueses, que nació como plaza fuerte,
con sus callecitas empedradas cuyo trazado irregular procuraba romper los
fuertes vientos característicos de estas costas y brindar más seguridad
frente a los ataques enemigos. El centro del mismo es la Plaza Mayor, con sus
árboles centenarios y macizos de flores que dan un toque de luz y color a las
viejas casonas que la rodean. Las piedras grises de las paredes, los techos de
tejas acanaladas oscurecidas por los siglos, las rejas forjadas en arabescos
de hierro, las ventanas de gruesos tablones gastados por el tiempo, los
elegantes faroles coloniales, forman un conjunto de rara armonía. Frente a la plaza se encuentra
el Museo Municipal, en una casona del siglo XVIII, de dos plantas, con gruesos
muros de piedra y numerosos salones que albergan una multiplicidad de
colecciones: histórica, arqueológica, de Historia Natural, etc... En el ángulo sudoeste de la
plaza comienzan a divisarse las ruinas del Convento Franciscano (1695), sobre
las cuales se eleva uno de los símbolos de la ciudad - el faro -, construido
en 1857. Caminando hacia el extremo
sudeste de la Plaza Mayor, pasamos por la “Calle de los Suspiros”, que
baja hacia el río, típica callecita portuguesa, de calzada angosta e
irregular, con un canal de desagüe en el medio, empedrada con losas chatas en
forma de cuña. Siguiendo hasta el extremo de
la Plaza Mayor, encontramos la Puerta de Campo, amplio portón de granito
azulado enclavado en las murallas que aún subsisten, con su puente levadizo,
que es uno de los vestigios más importantes de la época del gobernador
Vasconcellos y la actual tarjeta postal de la ciudad. Desde allá podemos
dirigirnos hacia la Iglesia Matriz del Santísimo Sacramento, cuyas obras de
reconstrucción han sido finalizadas recientemente (1995) y que guarda en su
interior varios tesoros. Entre ellos, dos merecen destaque: una columna en
piedra asentada en barro, de comienzos del siglo XVIII y el portal de madera
maciza de la misma época. Las dos torres paralelas de la iglesia, con sus cúpulas
revestidas en azulejos, se levantan, vigilantes, entre el verde de los árboles
centenarios que rodean la Plaza de Armas Manuel Lobo. Debajo de ésta se han
excavado recientemente las ruinas de la Casa del Gobernador, en las que se han
identificado habitaciones, dependencias, depósitos de agua, etc... Antes de abandonar el Barrio Histórico debemos caminar lentamente por sus callejas de piedra, recreándonos en sus faroles y muros, sus ventanas abiertas de blanquísimas cortinas, que dejan entrever interiores amplios, de techos altos, con pisos de cerámica oscura, muebles de apariencia austera, preciosos patios coloniales con aljibes azulejados rodeados de glicinas y madreselvas. No podemos dejar de visitar tampoco el Museo del Azulejo, en una pequeña edificación del siglo XVIII, restaurada en 1987, que alberga una interesante muestra de azulejos portugueses, franceses, españoles, así como los primeros que se fabricaron en nuestro país. UN RECORRIDO POR LOS ALREDEDORES Tomando la rambla costanera hacia el norte, varias playas se entrelazan a la sombra de sauces llorones, eucaliptos, coníferas. En ellas los paseantes encuentran lugares propicios al descanso, al deporte, a la simple contemplación de la naturaleza. Por esta rambla llegamos al Real de San Carlos, donde se levanta una antigua plaza de toros, que llegó a funcionar entre 1910 y 1912, año en que fueron prohibidas las corridas de toros en el Uruguay. De neto estilo morisco, actualmente su visita está vedada al público por riesgo de derrumbe. En las cercanías de Colonia
se encuentran: el hipódromo “Real de San Carlos”, el frontón de pelota
inaugurado en 1910, que posee la cancha más grande de Sudamérica, donde se
realizó el Campeonato Mundial de Cesta Punta, en 1980, y un interesantísimo
Museo Paleontológico. Éste posee en su numeroso acervo cinco caparazones de
gliptodontes, armadillos gigantes que se extinguieron hace más de 50.000 años
y que se encuentran entre las pocas caparazones existentes en el mundo, así
como el esqueleto de una cola de esta misma especie de herbívoros y los
anillos de la coraza que la envolvían, también piezas rarísimas. Todo esto
fue hallado en excavaciones realizadas en los alrededores de Colonia. Volviendo a la ciudad, no podemos dejar de visitar el centro, con modernos edificios, pequeñas boutiques, un shopping, edificios como la Intendencia, de estilo neoclásico, antiguas casonas españolas recicladas que albergan coquetos hoteles, múltiples barcitos con mesas en los emparrados patios coloniales. Bellísima y apacible, con rincones serenos y llenos de historia, de balcones floridos y piedras centenarias, de callecitas tortuosas que bajan a beber al río “grande como mar”, de faroles y rejas, Colonia del Sacramento surge del ayer hacia el futuro, envuelta en ese aire peculiar, cautivador, lleno de belleza, de hechizo y de magia. Si
tiene usted dudas de vocabulario, consulte el libro
Español
en Acción - gramática condensada -
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